Un día te levantas y sientes que no te encuentras bien.
Te paras a pensar y te das cuenta, que hace ya mucho tiempo, que te sientes mal, que algo falla.
Decides ir al médico, y él, no ve nada fuera de lo normal y dice mil cosas que pueden pasar ... ninguna de ellas de importancia.
Pero los días pasan, y tú sigues sin estar bien.
Una tarde, te encuentran tirada en el suelo, inconsciente. Has vomitado, has perdido el sentido y piensan que el alcohol tiene algo que ver ... pero no has bebido.
El médico se pone serio, y hace una análisis: algo no está bien, y te hace otra prueba y tienes que esperar los resultados.
Te acuerdas de aquella vez en que un médico al que no conocías de nada te dijo: "preparese para lo peor, puede usted tener cáncer".
Recuerdas los días de angustia, los días de espera hasta saber si era o no era cáncer.
Piensas en tu padre, que lucha por vencer esa enfermedad, y piensas ¿y si ésta vez es verdad?.
La gente te ve distinta, cansada, con un poso de tristeza en los ojos y te pregunta: ¿qué te pasa? ... nada, no me pasa nada.
Y dentro de mi cabeza le cuentas: "puede que me esté muriendo, pero no te lo puedo decir, porque no quiero que seas otra persona distinta a la que has sido hasta hoy. No quiero que sientas lástima de mi, ni que llores, por si no me ves más, no quiero que me quieras, porque ya no me vas a ver más ... no quiero dejar de ser yo, y si te digo que me voy a morir, dejarás de ser tú, y no me dejarás ser yo ... es lo único que he tenido siempre, lo único que he tenido: poder ser siempre yo ..." pero no le digo nada de eso.
Pienso en los cuadros de colores imposibles que pensé que pintaría un día, ya nadie los verá, porque se desdibujarán con mi vida.
Recuerdo los hijos que soñé, los que morirán conmigo, por no haber tenido nunca la seguridad que ellos necesitaría ... mis niños morirán conmigo.
Me planteo el último final, y no tendré su mano ... estaré sola de nuevo, con su amor en mi recuerdo, con los sus besos del recuerdo en mis labios.
Las esculturas de hierro que pensaba crear en aquella casa en el campo, nunca llegarán a existir, y la casa, nunca olerá a romero y a menta.
Los cuentos que iba a escribir nunca los conocerá nadie; todas las historias que hay en mi cabeza se desvanecerán con mi último aliento, y otra persona las tendrá que inventar.
Todos los mañanas que creía que tenía, en mi estúpida concepción de la vida eterna que tendría, no son más que un anhelo que no podré lograr.
Me quedan ayeres que pasaron como hoys tranquilos ... y recuerdo aquel anuncio en el que te decían que cada mañana tenías un montón de minutos para vivir, y que si no los vivías, desaparecerían, sin más.
Me acuerdo de Jorge Manrique, y las "Coplas por la muerte de mi padre" ... y no quiero llantos, ni nada que no hubiera cuando viví.
Y ahora me pregunto: ¿será definitivo o tendré otra oportunidad? o por el contrario ¿está vez me dirás adios de verdad?.
Te paras a pensar y te das cuenta, que hace ya mucho tiempo, que te sientes mal, que algo falla.
Decides ir al médico, y él, no ve nada fuera de lo normal y dice mil cosas que pueden pasar ... ninguna de ellas de importancia.
Pero los días pasan, y tú sigues sin estar bien.
Una tarde, te encuentran tirada en el suelo, inconsciente. Has vomitado, has perdido el sentido y piensan que el alcohol tiene algo que ver ... pero no has bebido.
El médico se pone serio, y hace una análisis: algo no está bien, y te hace otra prueba y tienes que esperar los resultados.
Te acuerdas de aquella vez en que un médico al que no conocías de nada te dijo: "preparese para lo peor, puede usted tener cáncer".
Recuerdas los días de angustia, los días de espera hasta saber si era o no era cáncer.
Piensas en tu padre, que lucha por vencer esa enfermedad, y piensas ¿y si ésta vez es verdad?.
La gente te ve distinta, cansada, con un poso de tristeza en los ojos y te pregunta: ¿qué te pasa? ... nada, no me pasa nada.
Y dentro de mi cabeza le cuentas: "puede que me esté muriendo, pero no te lo puedo decir, porque no quiero que seas otra persona distinta a la que has sido hasta hoy. No quiero que sientas lástima de mi, ni que llores, por si no me ves más, no quiero que me quieras, porque ya no me vas a ver más ... no quiero dejar de ser yo, y si te digo que me voy a morir, dejarás de ser tú, y no me dejarás ser yo ... es lo único que he tenido siempre, lo único que he tenido: poder ser siempre yo ..." pero no le digo nada de eso.
Pienso en los cuadros de colores imposibles que pensé que pintaría un día, ya nadie los verá, porque se desdibujarán con mi vida.
Recuerdo los hijos que soñé, los que morirán conmigo, por no haber tenido nunca la seguridad que ellos necesitaría ... mis niños morirán conmigo.
Me planteo el último final, y no tendré su mano ... estaré sola de nuevo, con su amor en mi recuerdo, con los sus besos del recuerdo en mis labios.
Las esculturas de hierro que pensaba crear en aquella casa en el campo, nunca llegarán a existir, y la casa, nunca olerá a romero y a menta.
Los cuentos que iba a escribir nunca los conocerá nadie; todas las historias que hay en mi cabeza se desvanecerán con mi último aliento, y otra persona las tendrá que inventar.
Todos los mañanas que creía que tenía, en mi estúpida concepción de la vida eterna que tendría, no son más que un anhelo que no podré lograr.
Me quedan ayeres que pasaron como hoys tranquilos ... y recuerdo aquel anuncio en el que te decían que cada mañana tenías un montón de minutos para vivir, y que si no los vivías, desaparecerían, sin más.
Me acuerdo de Jorge Manrique, y las "Coplas por la muerte de mi padre" ... y no quiero llantos, ni nada que no hubiera cuando viví.
Y ahora me pregunto: ¿será definitivo o tendré otra oportunidad? o por el contrario ¿está vez me dirás adios de verdad?.
