Tengo un vecino que es pianista.
Cuando se vino a vivir al bloque nadie sabía quien era, y yo creo que sentía la presión de las miradas de todos los vecinos cada vez que asomaba por las escaleras.
El señor Ignacio y su mujer, la señora Estrella (nunca he entendido porqué son señor y señora y no, don y doña ...), fueron los primeros en dar la voz de alarma diciendo que un titiritero se mudaba al edificio: "... era lo que faltaba, un cómico en el edificio ... ya no hay decencia y les venden los pisos a cualquiera ... ¿en qué estaría pensando el señor Manolo? ...".
Si, es que en mi edificio, para empezar, todos son señores y señoras, pero con el nombre de pila y no con el apellido, que es lo que me enseñaron en el colegio:
- ¿Luis Alvarez? Don Luis, el Señor Alvarez ...
En fin ...
El edificio es antiguo, y aqui vive gente mayor, menos el pianista, y yo.
El señor Manolo en lo que pensaba cuando vendió el piso fue en irse con su señora esposa a vivir a Benidorm, porque decía que alli hacía mejor tiempo y podían salir todos los días de paseo. Pero al final, no se fue a Benidorm. Uno de sus hijos lo convenció de que era mejor que se fuera al pueblo ... y el hombre no supo decir que no, y allá se fue a un pueblo perdido de la mano de dios de la meseta castellana ... y repartió los millones del piso entre sus hijos (espero que al menos le pusieran una buena calefacción en el piso, porque no iban en invierno del frío que decían pasar alli).
Cómo iba diciendo el hecho de que el pianista (mal llamado titiritero o cómico) se viniera a nuestro edificio, no fue precisamente una alegría para nadie.
Yo lo primero que pensé fue que nos iba a dar unos "conciertos" ... que no nos dejaría dormir, que no podríamos oír la tele, que no podríamos leer tranquilamente ... no sé, la verdad es que ahora que lo pienso me parece un tanto absurdo lo que pensamos (yo la primera).
Los primero días estábamos enfadados, aun sin él haber hecho nada. No habíamos oído todavía una nota y ya estábamos cabreados, y estábamos deseando que hiciera algo para poder tirarnos a la yugular del pobre titiritero.
Sin embargo ... no fue asi.
Cuando llevaba tres días de mudanza (y nosotros tres días de desesperación porque veíamos gente a todas horas por la escalera subiendo cosas) llegó el momento del piano.
Subir un piano de cola por la escalera era imposible, asi que lo subieron por el balcón. Aquel día no sólo nuestro edificio estuvo pendiente del pianista, si no la calle entera.
El trabajo fue laborioso, y tardaron varias horas. El pianista gritaba desde el balcón y luego bajó y gritaba desde la calle, y entre grito y grito hablaba por teléfono en francés.
- Oui, oui ... je suis là ... c'est pas posible? ... mon dieu! (en realidad no sé que decía pero bueno, algo tenía que poner).
Cuando por fin subieron el piano, nosotros (los vecinos) estábamos que trinábamos, porque ahí veíamos por fin el instrumento de tortura con el que durante horas nos iba a martirizar.
Aquel día creo que fue el más silencioso que he vivido yo, en este edificio: todos estábamos callados esperando a que empezara el soniquete, para poder empezarnos a quejar ...
Pero no oímos nada.
Todo estaba en un silencio que casi daba miedo, todos quietos sin movernos en nuestros pisos esperando a ver si oíamos algo ...
A eso de las diez de la noche, parece que nos dió a todos por bajar la basura y nos íbamos encontrando en los pasillos, en la escalera, en los rellanos, en la puerta de la calle ... nos mirábamos en silencio, movíamos los ojos, de izquierda a derecha y fruncíamos el ceño (alguno, incluso levantaba una ceja) ... parecíamos espías de películas de segunda.
Parecía que nos interrogáramos en silencio: ¿tú has oído algo? ... pero nadie pronunciaba una palabra.
Al cuarto día de estar instalado ya (al día siguiente de que todos viéramos como metía el piano en casa), en nuestros buzones nos encontramos una nota:
" Con el fin de conocer a mis vecinos, y de que ustedes me conozcan a mi, les invito a que pasen por mi casa esta tarde a las 21h. Atentamente:
Lósimo Sirina"
¿Lósimo Sirina? ... lo que faltaba un cómico, italiano que hablaba en francés ... ¿en qué coño pensaba en señor Manolo ? ....

13 Alientos y Desalientos:
Un simpático texto que me hizo sonreír un buen rato, y que contiene un fondo muy dado al pensamiento expansivo. Mucho más de lo que pretende la forma.
Un saludo y qué curioso que algunos, a los sonidos del piano, lo llamen ruido.
Un tipo curioso, Lósimo (sobre todo el nombre!). Pero, habéis oído ya las notas del piano?
En mi portal, justo en la puerta de al lado de mi piso, vive una violinista. Lleva un año y medio ahí, y sólo puedo decir que ha mejorado bastante, porque al principio era un infierno.
Encima, las paredes son de papel y un violín chirriante a la hora de la siesta puede disminuir drásticamente tu calidad de vida!!
Hermoso relato. El arte del piano es el que más cercano se halla de las lágrimas y los recuerdos.
Un saludo.
Hola María!!
Pues a mi me encataría que Lósimo se mudara a casa de mis vecinos de al lado, que son estudiantes y no sabes hasta que volumen pueden llegar a jugar a la Play Station.
Besos, me encanta que hayas vuelto!!
Gracias a todos ... os seguiré contando lo de mi querido pianista, porque la historia, tiene su miga, jeje. Un saludo para todos.
Gracias a todos ... os seguiré contando lo de mi querido pianista, porque la historia, tiene su miga, jeje. Un saludo para todos.
Si lo que pretendías era "engancharme" a la historia, lo has conseguido. Y el nombre... no sé qué me da, que tiene truco...
besos
Es muy buena descripción de un prejuicio. Luego veremos como transcurre pero de momento al hombre ya lo han etiquetado.
que buena la historia, me ha encantado... preciosa, no se si real o no, pero conjuga muchas cosas muy curiosas...
me ha encantado la espera para poder bronquear....
¿y qué ocurrió esa tarde?
Supiste tocarme la tecla con esas palabras
Me ha encantado tu blog, gracias por descubrirmelo. Te sigo!
Un besazo. Por cierto, bonita ciudad la tuya. Hablo de ella en un post reciente. No sé si lo viste.
Otro besazo.
No me cabe la menor duda - al leerte - que eres una contadora de historias nata.
Señorita Esquitín la echamos de menos, ¿por donde anda?, ¿no andará usted metida en casa del pianista?
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